Hace unos días, hablando por casualidad con el responsable de un importante
servicio de una importante
#aapp (servicio que afecta a algo más de 40.000
ciudadanos), advertí que con todo esto de la
Administración Electrónica en algo, quizá, nos estemos
equivocando. Y quizá hasta desviándonos del
propósito inicial considerado por sus
ideólogos.
La
historia es la siguiente:
La conversación discurría en tono coloquial, comentando cómo la
institución para la cual trabaja esta persona le estaba aplicando cierto
procedimiento, desde hace unos cuantos años, de forma poco
racional. La irracionalidad había repercutido incluso en la
contabilidad de su servicio, casi de forma
traumática. Con la excusa, le espeté: "cuando la Administración Electrónica pase por aquí, quizá podáis repensar y
rediseñar el procedimiento (
reingeniería, lo llaman) y adaptarlo a vuestras necesidades".
Pensaba con la frase causarle
sorpresa, pero sólo le causé
fastidio. Me contestó: "no, si
informáticos como tú ya han pasado por aquí, hace meses, para hablar de ese tema". Estoy seguro de que las personas que pasaron por allí no eran todas ellas realmente informáticos, pero la respuesta me sirvió para recordar que hemos asociado, quizá con ligereza, demasiado el concepto de
#eGov con el concepto de
#iGov (también con el nuevo concepto de
#oGov, en mi opinión, pero ésta ya es otra cuestión). Al final, hemos formado la idea, equivocada, de que
#eGov es simplemente llevar el "Gobierno a la Internet" y que "esto es un asunto de los
informáticos".
La conversación continuó. Este servicio había adquirido, ya hace un par de años, una
herramienta informática a una empresa de reconocido
prestigio, llamémosla S (¿quejándome de las políticas de
externalización en las
#aapp? No, no es el
problema que hoy toca comentar). Esa herramienta, todavía estaban en fase de
implantación de la misma, tenía las funcionalidades suficientes como para que los usuarios de su servicio (los
ciudadanos) pudieran realizar muchos de los
trámites, que antiguamente realizaban en una
ventanilla física, desde una página web. Es decir, su
microgobierno ya estaba bien asentado en la fase de "estamos en la Internet", estamos en el
#iGov.
Ahora, en su
institución habían decidido que tocaba subir ya al peldaño siguiente y pasar del
#iGov al
#eGov. Así que, los responsables de Administración Electrónica habían pasado por allí, habiendo ya
modelado los susodichos trámites, y le habían convencido del
valor que se iba a generar si finalmente los traspasaban a la Plataforma de Tramitación Electrónica. Plataforma de Tramitación, eso sí, que sería accesible desde la
sede electrónica de esa
#aapp por todos los ciudadanos que cuenten con un DNIe o un certificado digital reconocido (¿los llamarán
reconocidos porque tienen que conocer su funcionamiento tanto la
#aapp de turno como el propio ciudadano?).
Pero, sigamos con la historia...
Para entendernos, Plataforma de Tramitación Electrónica significa: otra
herramienta informática adquirida a otra empresa de reconocido
prestigio, llamémosla T (¿quejándome de las políticas de
externalización en las
#aapp? No, no es el
problema que hoy toca comentar). Esa herramienta, todavía estaban en la fase de
implantación de la misma (parece que he entrado en
bucle, ¿verdad?), obligaba a que los desarrolladores de la empresa T
duplicasen algunos de los formularios de solicitud que en su día ya construyeron los desarrollares de la empresa S (¿una
#aapp pagando
dos veces por el mismo trabajo?).
Pero, como toda la "
lógica de negocio" (éste es un término muy manido que utilizamos los tecnólogos para presumir) estaba ya construida en la herramienta desarrollada por S, y esta lógica no "convenía" duplicarla de nuevo por los desarrolladores de T en la Plataforma de Tramitación, se vio oportuno
conectar las dos herramientas. ¿Cómo? Pues mediante "
tuberías" (o
WebServices, otro término muy
tecnomanido) que deberían poner en marcha los desarrolladores de S en
colaboración con los de T y siguiendo además las
recomendaciones de los desarrolladores del Departamento de Informática de la
#aapp en cuestión.
Bien, ya se ha conseguido antes que
tres equipos de desarrolladores de tecnología queden para ponerse de acuerdo en cómo lograr, entre todos ellos, una única
empresa. Seguramente entre ellos hablarán diferentes
lenguas (las llamamos lenguajes de programación): Java, .NET, PHP,... El
resultado, conocido también: una
Torre de Babel (fue Dios, quien, para evitar el
éxito de la edificación de la torre, hizo que sus constructores comenzasen a hablar diferentes idiomas).
La
empresa a conseguir: que en la
herramienta desarrollada por T (adquirida por la institución previo paso por caja) se
dupliquen parte de las funcionalidades de la herramienta desarrollada por S (adquirida por la institución previo paso por caja), que sea además necesario que los desarrollares de S
implementen "tuberías" (
WebServices) que serán invocadas por los desarrolladores de T ("tuberías" que hace unos meses
no eran necesarias) y todo ello para conseguir tener dos "
portales" diferentes (la página web del servicio y la sede electrónica) que conduzcan al
ciudadano a un mismo sitio (a un
laberinto sin salida, supongo).
El mismo sencillo
trámite, que antiguamente necesitaba de un
ciudadano, de un humilde
formulario en papel, de un
bolígrafo y de un amable
empleado público (sí, ya sé, todos estos elementos no podían coincidir a la hora del café)...
hoy necesitan para ponerlo en funcionamiento de: responsables de servicios funcionales, responsables de servicios de tecnología, coordinadores de administración electrónica, desarrolladores de la empresa S, desarrolladores de la empresa T, de
tiempo, de
esfuerzo, de infraestructuras de tecnología, de
dinero y... de un
ciudadano, de un complejo
formulario web, de un certificado digital y de un amable
empleado público (ahora llamado tramitador). Eso sí, ahora todos esos elementos ya pueden coincidir a la hora del café.